Las muertes más ridículas de la historia

Morir nunca es cosa de risa, pero puede ocurrir de muchas formas y hay que reconocer que hay finales míticos, hay finales inolvidables y los hay estúpidos. Lo ideal es, ya que hay que morirse, hacerlo épicamente, pero lo peor del asunto con la muerte es que si te sale mal no lo puedes repetir. Algunos de los personajes que presentamos a continuación no tuvieron mucha suerte con su última despedida y pasarán a la historia por ello.

Franz Reichelt

Reichelt inspiró un juego, una obra de teatro y un cortometraje que narra su vida. Al principio era un sastre de prestigio en Francia, pero no se hizo famoso por eso sino por idear, siguiendo los diseños de Leonardo da Vinci y de algunos intentos fallidos anteriores, una especie de paracaídas.

Pasará a la historia como aquel al que su tozudez y su incapacidad para aceptar su error, lo llevaron a la tumba.

Para probar su primer paracaídas, lanzó un muñeco desde lo alto de la Torre Eiffel —por entonces la estructura más alta del mundo—. El muñeco se estrelló, pero en lugar de aceptar que el invento tenía fallos argumentó que, por ser un muñeco, no tenía la posibilidad de abrir los brazos y por eso no funcionaba. Así, la siguiente vez se lanzó a sí mismo de igual manera y del mismo lugar. Cayó de forma violenta, dejando un considerable agujero en el suelo.

Allan Pinkerton

Salen en la foto: Abraham Lincoln, el general John A. y Allan Pinkerton.

Salen en la foto: Abraham Lincoln, el general John A. y Allan Pinkerton.

Fue un detective y espía escocés que fundó la Agencia Pinkerton, la primera agencia de detectives del mundo. En el momento de su muerte, estaba trabajando en una gran base de datos para centralizar todos los informes de identificación de criminales registrados —que actualmente administra el FBI—; entonces, en lugar de morir asesinado por un terrorista, salvando a su presidente o como héroe de guerra, pues se tropezó en la acera, calló de bruces y se mordió la lengua. Se le infectó y eso lo llevó a la tumba, eso es todo.

François Vatel

Pocos mueren como murió François Vatel, el más famoso organizador de eventos y banquetes que tuvo la Corte de Versalles. La fama de los eventos organizados por Vatel pasó a ser legendaria. Los banquetes ofrecidos creaban conmoción y sólo se esperaba perfección.

En su último banquete, que reunía a más de 2mil personas, tomó las riendas del proyecto tan sólo algunas semanas antes de que se llevara a cabo. Era tal su esmero y su obsesión que dejó de dormir y dedicaba todas las horas del día a la planeación de cada detalle.

Desgraciadamente, el banquete no salió tan perfecto como Vatel acostumbraba a hacerlos. En la primera noche de la fiesta, a algunos invitados les faltó el plato principal. Esa misma madrugada, tras darse cuenta de que aún no llegaban los proveedores con el pescado, no pudo afrontar que el marisco llegara a su cocina con retraso, subió a su cuarto y se suicido atravesándose el corazón con una espada. Su muerte está documentada gracias a la carta escrita por la marquesa de Sévigné a su hija, fechada el sábado 26 de abril de 1671.

Hans Steininger

o-beards-facebookHans Steininger, un austríaco que vivió en el siglo XVI, fue famoso por ser el hombre con la barba más larga de la historia. Llegó a medir 1,40 metros de largo, casi lo mismo que su estatura.

 

Irónicamente, la misma barba que tanto cuidaba fue la misma que lo mató.

Para caminar, tenía que recogerla alrededor de los hombros para no tropezar con ella. Y precisamente murió en un incendio en ciudad de Hans cuando olvidó enrollar su barba mientras huía del fuego, la pisó, se tropezó y se rompió el cuello.

Angela Isadora Duncan

Conocida como Isadora Duncan, a secas, fue una bailarina y coreógrafa estadounidense, considerada por muchos como la creadora de la danza moderna. Su estilo de baile se alejaba de los patrones clásicos imperantes añadiendo a su técnica expresiones artísticas de la Grecia clásica.

Se dejaba ver descalza, con túnicas vaporosas y el cabello suelto, acciones que sin duda suponían una ruptura en las costumbres.

De tan extraordinaria mujer, si bien evidentemente nadie elige cómo morir, se esperaba otra forma de acabar. Quizás, algo más activista. Murió en un “accidente de automóvil” acaecido en Niza (Francia). Específicamente estrangulada por una chalina o corbata que llevaba alrededor de su cuello, cuando se le enredó en la llanta del coche en que viajaba.

Fuente: Hipertextual